Recuerdo de pequeña haber visto con mi padre a un partido de Francia contra otro país cuyo nombre no logro rescatar de las lagunas que se han ido formando en mi memoria con el paso del tiempo. Lo que si tengo claro y siento tangible, tanto como si fuera hoy, es el ambiente que se vivía en el lugar. Había gente vestida de pies a cabeza de azul, blanco y rojo, todos gritaban con pasión ¡Allez la France!, ¡Allez les bleus! y con fervor animaban a su equipo. Nunca podría olvidar la respuesta que dio mi padre cuando a mis 6 años, le pregunté ¿por qué hacían todo esto? ¿Están locos? El me contestó: “Es su patria, simplemente la sienten correr por sus venas y lo gritan hijita”.
En fin, no quise ahondar ni indagar más acerca de esta gente, a mi parecer, loca que desgarraba sus camisetas en nombre de su país. Además, siempre supe que mis padres son muy prácticos y van “al grano” a diferencia de mis constantes, complicados e imaginativos laberintos mentales, por lo que continuar preguntando, necesariamente hubiese sido detenido con un “Por favor Cristinita, veamos en partido en silencio, no te compliques tanto”.
Esta anécdota nunca cobró importancia en mi vida sino hasta hace poco, cuando tocamos el tema del nacionalismo y los hondos sentimientos que puede provocar en los seres humanos. Algunos, lo definen como negativo, como una pasión desmedida e incluso xenofóbica hacia lo propio con un gran desprecio hacia lo extranjero. Por otro lado, otros, lo toman como un elemento positivo que sirve como factor de cohesión entre los individuos que comparten una determinada nacionalidad.
Personalmente, lo que más me llama la atención acerca de este tema, más allá de valoraciones que se queden en si es “bueno” o “malo”, que me parecen demasiado escuetas para determinar un fenómeno así, es el hecho de cómo la naturaleza del ser humano y su equilibrio pende de un hilo. Sí, ver cómo cuando se apela a lo sensitivo del hombre y éste reacciona como por instinto siempre me ha intrigado mucho.
Creo que a este tipo de reacciones se les llama también efecto de masa. Éste, consiste básicamente en que cuando hay un grande grupo de personas reunidas, las emociones tienden a contagiarse. En este sentido, la risa, el susto y principalmente, la histeria total. Es así como cuando un político con un discurso nacionalista que apela a subjetivo de nuestra existencia convence a una masa, tenemos como resultado a todo un grupo de personas que, enardecidas e inflamadas de pasión por su patria, grita y jura defenderla hasta la muerte.
Supongo que esto es lo que observé ese día del partido; miles de personas que, luego de pertenecer a una nación determinada durante un determinado período de tiempo, han sido “entrenadas” en el sentido en que el estado mismo, a través de la educación ha implantado en ellos la semilla de amor por el estado y por lo tanto saltaban fervorosamente alentando a su equipo. Esto me llevó a preguntarme: ¿Será sincero, verdadero todo ese amor por la patria? O ¿Simplemente nos enseñaron a hacerlo? Acaso, si hubiésemos nacido en China, ¿no estuviésemos coreando su himno con la misma pasión?
En fin, creo que todo es relativo y las cosas se dan en la vida dependiendo de las condiciones, el contexto y las personas que nos rodean. Me gusta creer en el destino, pero cada vez más tengo pruebas de que simplemente las cosas pasan y se desencadenan como consecuencia de lo que se dio antes, porque las condiciones apoyaron a que sucediera y no “porque estaba para darse” o “porque el destino quería que así fuera”. Esto me lleva a preguntarme si yo soy yo o soy un resultado de lo que mi sociedad y mi contexto hicieron de mí. Y si esto es verdad, entonces la sociedad de la que tanto me he quejado, esa sociedad consumista y monótona fue la artesana que me moldeó. Destino, existe por favor.
Muy buen ejemplo MC: fácil de asimilar y entender (creo) tu punto. Yo creo que por un lado, como tú también dices, el nacionalismo cohesiona; pero por otro, el nacionalismo excluye. Y lo hace groseramente. También creo que el nacionalismo se ve empañado por la historia, sobretodo, por el stalinismo y el hitlerianismo, las guerras y los genocidios. A simple vista, el nacionalismo es el antecesor de los conflictos. Mario Vargas Llosa en su discurso del premio nobel habló, específicamente y en contra, sobre el nacionalismo y a favor del patriotismo. Te dejo el link para que lo veas: http://www.youtube.com/watch?v=hkjuUHUWZGY&feature=related
ResponderEliminarAlgunos son seguidores de Descartes en el sentido del refrán "Pienso luego existo", y otros de Buddha y su filosofía kármica, causa-efecto. Tu evocas este dilema y es, a mi parecer, una custión de interpretación y selección personal de la verdad que concuerde con tu pensamiento.
PD: En resumen, abrir los ojos es muy difícil. Sigue escribiendo por favor, saludos.