viernes, 8 de octubre de 2010

La sombra


A propósito de la historia, el olvido, la vergüenza, Nietzsche, Gorgias, Sócrates y todo lo que englobe lo que he visto en estas últimas semanas de clases, sólo y específicamente de esos temas, sinceramente, no tengo nada que decir. En lo absoluto.

La verdad quisiera escribir sobre temas tan efímeros… Temas que a veces pasan por mi mente pero les quito la “facultad de merecimiento”. Esta facultad, creada por mi misma, consiste en: bloquear lo que “no me sirve” y  sólo darle paso a lo “fructuoso”; pensamientos con fines definidos o más claro: lo seguro. Pero hoy, simplemente hoy, esas ideas super fundamentadas y filosóficas me cogieron de malas. Hoy quiero pensar en eso que generalmente desecho, en eso que también forma parte de mí, pero no es necesariamente lo mejor o lo más “apto para todo público”, sino  un yo un poco más expuesto, un yo vulnerable que por alguna u otra razón, termina siendo desestimado por mí misma.

Por ejemplo… ¿Qué onda con el amor? Siempre he tendido a ser no mucho, sino SUPER idealista, cosa que no tiene gran cabida en la sociedad actual. Aún no descubro si es algo positivo o negativo esto de ser así, esto de crear todo un imaginario alrededor de la realidad que en serio está pasando.
Por un lado se podría entender como un cierto optimismo, pero por otro… ¿no es acaso una cierta forma de masoquismo? Digo, si en serio no está pasando… ¿Cuál es el punto de armar castillos en el cielo y tener una idea del amor como total entrega, en la que dejas de importar en gran parte tú para darle paso a esa persona que amas? ¿Por qué pensar que, de hecho,  sí es posible llegar a amar  y confiar completamente en alguien? ¿Por qué hacerlo si en serio en serio, según muchos,  “amor” no es más que reacciones químicas, necesidades biológicas que nos llevan a individuos totalmente reemplazables; que no se trata de sentir, vibrar o estremecerse con este estruendo  que sientes en todo tu cuerpo cuando ves a ESA persona, sino de simplemente ir con la marea de las relaciones humanas?

Hace poco hablaba un amigo, de quien no se debe desestimar ninguna opinión o punto de vista, y me explicaba cómo el pensaba que las relaciones, una vez que llegan a un punto, luego de varios años de convivencia, no son más que algo consuetudinario como dormir, comer o bañarse todas las mañanas. Me decía que eran algo así como las líneas de tendencia: comienzas en un punto apasionante en el que esta persona con la que estás lo es todo, pero que con el pasar del tiempo, la persona se va haciendo más “real” y lo que queda de todo ese cúmulo de pasión que sentiste alguna vez, no es más que un común acuerdo y costumbre de vivir juntos.  Lo más interesante del asunto, es que al final de toda esta explicación, me dijo que aunque él sabe cuál es la verdad, le gusta que el mundo crea en esta idea fantástica del amor (nótese que me refiero a la fantasía no “fantástico” como  algo bueno) porque si todos estuvieran conscientes, fuera devastador para la gran mayoría que no ve o mejor dicho, no quiere ver lo que pasa en el mundo.

Me toca admitir que definitivamente yo formo parte de esa “gran mayoría” que se miente e insiste obstinadamente en ver al amor como algo extraordinario. Sin embargo, estoy también convencida de que me equivoco al pensar esto y consecuentemente nada pude argumentarle a mi amigo, solamente pude darme mi triste  y poco científica auto-confesión de que una de las cosas que espero haber hecho antes de morir es amar locamente alguna vez... ¿Wacky no?

miércoles, 6 de octubre de 2010

Random...

Y un día me desperté y el mundo había cambiado
Definitivamente ese cuadro azul que me miraba desde el día 1
Desde el otro lado de la habitación seguía ahí
Y el reloj rojo,
Que enloquecía mis noches de insomnio con su tic-tac
No se había movido tampoco
Pero me desperté
Y supe que no era igual

17 años  y 140 días después de que me han repetido
Constantemente la inevitable realidad de mi existir
No existo
O así se sintió el tacto sin contacto que experimenté
Todo lo que me rodeaba
Conforme pasaban los minutos
Todo se desvanecía
Y aparecían ante mis ojos las verdades escondidas
Escondidas detrás de los cuerpos
De cuerpos que disfrazan
La vileza e insignificancia de los que somos humanos

En medio de este caos
Mi despertador suena
Un tintineo me lleva a un segundo despertar
El que ese cuadro azul que me miraba desde el día 1
Desde el otro lado de la habitación seguía ahí
Y el reloj rojo,
Que enloquecía mis noches de insomnio con su tic-tac
No se había movido tampoco
Pero yo
Yo no desperté
Me vi condenada a seguir dormida

domingo, 3 de octubre de 2010

Pintando el presente





"Pared blanca y un niñito" - Fuente: Flickr




No sé si les pasa a veces, pero a pesar de que la verdad forme una de las partes  fundamentales de mi discurso como ser humano, a pesar de que esta sea uno de los valores fundamentales que exijo y que se me ha enseñado a exigir para entablar una relación de cualquier tipo con cualquier persona,  hay veces en que sinceramente siento que esta, como tal, está sobrevalorada.

Y es que, en lo que respecta al campo de desarrollo del ser humano como individuo, ¿Acaso existen las certezas? ¿Las verdades absolutas? ¿Los famosos axiomas, verdades indiscutibles que nadie pueda rebatir? No lo creo. Considero que cada persona mira al mundo de manera independiente, y consecuentemente su realidad, nunca va a poder ser objetivizada de manera que haya “una sola verdad” que englobe a las de una gran masa, siempre existirán versiones y perspectivas, incluso del más simple de los sucesos.

Hay una canción de Grand Corps Malade, que siempre me gustó, se llama Je m’écris. Este compositor y escritor de poesía  eslam francés, llamó a mi  atención debido a que los temas acerca de los que compone son siempre de carácter e impacto social. En esta canción en particular, el artista expresa las razones por las cuales escribe y cómo este arte le da sentido a su vida; no tiene un ritmo pegajoso y al ser eslam, es más como un poema a manera de rap, pero al escucharla por primera vez, distinguí en ella algo que me marcó:

“On est juste des chroniqueurs d'un quotidien en noir et blanc qu'on essaye de mettre en couleur” - 





“Somos sólo cronistas de un cotidiano en negro y blanco, al cual tratamos ponerle color”, y sí, creo que eso es lo que somos, simples cronistas que así como aparecen, también se desvanecen con el tiempo y que, a manera de establecer una añorada permanencia tratan de registrar lo que pasa a su alrededor, marcar una existencia, dejar una huella en este mundo.

Nietzsche en su texto nos habla de cómo el olvido más bien, es una manera saludable de vida para el hombre, ya que sólo mediante este se puede avanzar sin las ataduras del pasado. Sin embargo, creo que de cierta manera, estamos condenados a volver; volver a nuestro inicio, volver a nuestra a esas raíces que de cierta forma nos llevaron al punto en el que estamos ahora…  “Ahora”, qué palabra, a propósito de ella, quisiera decir que debe ser la principal en nuestro banco de palabras de vida. Bien si el pasado puede darnos pautas para lo que viene, es el ahora, y nada más el ahora el que importa, porque lo pasado pasó y lo futuro es incierto, por lo tanto vivir de conjeturas de lo que pasará y con arrepentimiento de lo que fue, no nos llevará a nada más que un profundo estancamiento de nosotros mismos.

Si para Grand Corps Malade somos cronistas, siento que para mí somos más una especie de pintores, que todos los días tienen la oportunidad de pintar un mural en blanco; cada día el cassette se repite y el mural vuelve a ser blanco y con este, regresamos al punto creador; punto que nos permite reinventarnos y en últimas, ser.